El sensei Fumio Demura inspiró a Bruce Lee y a Miyagi (Karate Kid)

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Hace tiempo que quería hacer una columna sobre artes marciales, que es un tema bastante apreciado en muchos países de habla hispana. Planeaba hacerlo con una reseña sobre Bruce Lee (el actor de artes marciales más popular del sétimo arte), pero una revisada al documental biográfico The Real Miyagi (que se puede ubicar en Netflix) me llevó a abordar la vida del sensei Fumio Demura.

El gran aporte de Fumio Demura al mundo de las artes marciales, y más específicamente al karate, fueron dos: sus escuelas que llevaron a miles de niños de distintos países a perfeccionarse en dicha disciplina y la aplicación demostrativa del karate en sesiones que inspiraron a un público occidental. Un público que aún percibía a los japoneses como enemigos, tras la Segunda Guerra Mundial.

Fumio Demura nació, justamente, a puertas del fragor de ese episodio bélico que hizo tambalear al mundo: en Yokohama (Japón), en el año 1938. Por lo que Demura sufrió las consecuencias de la guerra, hambre, pobreza, necesidad de salir a trabajar siendo aún un niño. Ya en su país y bajo la tutela de los maestros Shakagami Ryusho y Taira Shiken, ganó el título japonés de Kumite.

Su situación económica le llevó a sumarse a la aventura de conocer Estados Unidos, de la mano de Don Draeger y Dan Ivan (el primero ligado a la CIA, y el segundo un iniciado en el karate). Fumio Demura rompió los obstáculos que se le presentaron en el “País del Tío Sam” (como la desaprobación por ser japonés, el idioma y su innata timidez) al empezar a realizar demostraciones bastante gráficas de karate y el uso de armas orientales (como el chako).

¿Qué sucedía? ¿En los Estados Unidos no se conocía ya el karate? Sí, pero las sesiones de exhibición eran planas, consistían en katas (conjunto de movimientos practicados solo o en pareja) donde el contacto físico no era evidente. Esto resultaba soso para la perspectiva occidental, siempre acostumbrados a las peleas de Hollywood donde uno podía sentir que estaba frente a una confrontación real.

La habilidad de Fumio Demura le permitía dar la impresión de un combate real, pero sin dañar al oponente, incluso usando armas propias de las artes marciales como la tonfa, el bo, los sais y los chakos. El uso de estos últimos captó la atención incluso de Bruce Lee, quién buscó aprender de Demura el uso de estos maderos conectados por una cadena, que a la postre es hoy el arma más popular de las películas de artes marciales, sólo detrás de las espadas samuráis.

El cine no fue ajeno a Fumio Demura, que participó en filmes como Shootfighter (1993) y Sol naciente (1993, junto a Sean Connery y Wesley Snipes). Pero fue en la saga de Karate Kid (protagonizada por Ralph Macchio y Pat Morita) donde realmente se popularizó. Resulta que Demura fue electo originalmente para el rol del Señor Miyagi, el maestro de Daniel LaRusso (Macchio), pero no se sentía preparado para actuar en tantas escenas exigidas para ese personaje.

Por lo que bajo la supervisión de Demura se seleccionó a Pat Morita (norteamericano de raíces japonesas) que hasta ese entonces era más conocido por su hilarante rol en la serie cómica Días Felices (Happy Days, al lado de Fonzie y Richard Cunningham). El sensei Demura incluso actuó la clásica escena donde los matones de la secundaria le dan una paliza a Daniel San, tras una fiesta de Halloween. Miyagi debía defender a golpes y patadas a su joven discípulo, pero a Morita no le salía bien la escena, el sensei Fumio la concluyó.

Uno podría pensar que Fumio Demura sentía alguna suerte de celos o resentimiento ante Pat Morita (cuya interpretación de Miyagi fomentó tres secuelas, un dibujo animado, un remake/esta vez con Jackie Chan y en China, y fama mundial). Pero el carácter generoso de este sensei japonés lo llevó a entablar una duradera y cercana amistad con Morita, que se prolongó hasta la muerte del actor en 1996.

Otros momentos exitosos de Demura son su gran presencia en la revista de culto especializada en artes marciales Black Belt (Cinturón negro), donde ha sido portada en múltiples ocasiones. La fundación que lidera y le ha permitido viajar y fundar escuelas de karate en distintos países y continentes (incluida Latinoamérica). Haber logrado sendos premios y reconocimientos, como estar en el Salón de la Fama, o llevar una larga temporada en Las Vegas con su exhibición y fomento del karate.

Su labor como maestro es apreciada por todos sus alumnos, privilegiando a los niños. Como nunca tuvo familia propia ha sido adoptado por cientos de familias estadounidenses que lo rodearon y apoyaron en sus crisis médicas, una que incluso estuvo a punto de llevárselo de este mundo hace un par de años. Su recuperación se considera un “milagro médico”. Fumio Demura es mucho más que un gran karateca, es una inspiración de grandes tradiciones.

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 Fuente: manuelsalazarlima.com

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