La familia Gracie, Bruce Lee, y la revolución en las artes marciales

Fuente: Jorge Luna Ortuño/zorbaenfuga.blogspot.mx

He estado viendo algunos videos sobre los Gracies y su paso por los primeros campeonatos de artes marciales mixtas, competiciones bastante más rudimentarias y con menos reglas que las que se celebran actualmente con tanta pompa, abarrotadas de estrellas de cine en sus palcos. Me refiero más concretamente al UFC de 1993-94, y al Open Vale Tudo Japan 94 y 95, donde triunfaron Royce y Rickson Gracie respectivamente. Siempre recuerdo esas palabras de Rickson, publicadas en la Revista Cinturón Negro, donde decía que la familia Gracie había logrado hacer en los 90 lo mismo que Bruce Lee había hecho en los 60: revolucionar el mundo de las artes marciales. Ruptura de un paradigma. Bruce Lee había revelado la ineficacia de un montón de cosas que los estilos clásicos mantenían en sus métodos de entrenamiento. “Son florituras, desesperación organizada”, decía Bruce Lee. En los campeonatos de Long Beach, principalmente, Bruce presentó a la comunidad americana de artes marciales su visión, el germen de sus nuevos conceptos, que después se vendrían a llamar Jeet Kune Do. Los Gracie por su parte se encargaron de establecer un par de afirmaciones fuertes en la escena: Primero que no sirve de nada ser un campeón de deportes de combate para pelear en la calle, porque la mayoría de las peleas en la calle terminan en el suelo, y si no sabes desenvolverte en esa faceta en realidad no estás muy bien parado.

Reclamaron la atención hacia la pelea en el suelo, en la que ellos eran verdaderos especialistas, a la cabeza de Helio Gracie, el padre de la mayoría de ellos, con una tradición de 65 años peleando en este tipo de torneos, desafíos sin límites de tiempo ni protecciones donde se confrontaba la efectividad de los estilos. Los Gracie salieron victoriosos de prácticamente la mayoría de esos desafíos, es cierto que Helio Gracie perdió con una llave de brazo con el campeón japonéz Kimura, pero basta con enterarse de los todos los pormenores de aquella pelea para darse cuenta de que esa no era completamente una derrota. En todo caso, el criterio que definía la búsqueda de Bruce Lee, tanto como de los Gracies, era la efectividad. ¿Qué funciona y qué no, en una pelea callejera? ¿Qué funciona para mí, con mis características, mi complexión física y mis habilidades?

En sus peleas en Japón, Rickson Gracie demostró ser efectivamente el mejor peleador de los Gracies, el mejor entrenado, el más fuerte, quizás con la mejor preparación para pelear en el clinch, buen uso de la mano adelantada, y definitivamente magistral en el suelo. Royce también tenía unas postura parecida puesto en combate. Mano derecha adelante, la pierta adelantada usada para medir la distancia, distraer la guardia del rival, atacar la rodilla del oponente, y también para encubrir un intento de cierre de la distancia. Hacían caso de los postulados de Bruce Lee, en cierto sentido, que decía que la mano y la pierna adelantada debían hacer el 90% del trabajo.

La diferencia es que para ellos la única manera de finalizar el combate era en el suelo. En el primer Open Vale Tudo Rickson Gracie no tuvo inconvenientes, pasó por encima de sus tres oponentes, a su turno, en una misma noche: estranguló al estudiante más destacado del japonéz Kimura, aquel que derrotara a Helio Gracie, y barrió con los otros dos en base a un duro y básico ground and pound. Fue en el siguiente torneo, en la primera pelea con Yamamoto, campeón japonez de jiu jitsu de los pesos pesados, en el que tuvo algunos incovenientes. El riesgo de ser estrangulado con una guillotina, pero también quedaba la vista la imposibilidad del Gracie Jiu Jitsu de finalizar una lucha cuando el oponente no podía ser llevado al suelo; en esto caso era porque Yamamoto pasó casi toda la pelea agarrado con un brazo de la cuerda superior del ring. Ya volveremos a esto. Fue sin embargo una cuestión de tiempo, de aplicación de todas esas virtudes, contraculturales en este tiempo, que las artes marciales ayudan a desarrollar para la vida: paciencia…, paciencia, concentración prolongada, estado de alerta, sensibilidad, velocidad para saber aprovechar el momento en el que el oponente comete un error… Y Rickson lo finalizó. Despierta admiración Rickson cuando uno visiona sus peleas, aunque no sean siempre las más entretenidas, siempre tan calmo, con esa “determinación de hierro”, como si la misma naturaleza no pudiera concebir otro final que el de él victorioso con la mano alzada; es bien cierto que a ese nivel ya no era cuestión de perder o ganar, sino de terminar el combate con honor, llevarlo hasta su final. No extraña que los mismos japoneses lo hayan considerado un verdadero samurai de nuestra época. Lo que sí dejó en tela de juicio su capacidad para pelear sobre sus dos pies; como él diría, su juego en stand-up tiene demasiados vacíos, es demasiado abierto, y ante un buen striker estaría en serios problemas. Lo mismo se aplica para todos los Gracies, bien que esto quedó en evidencia con el paso de los años hasta llegar al siglo XXI. Royce hizo una excelente pelea contra Keith Hackney, un muy buen golpeador, y esa fue quizás su mejor presentación de pie.

En lo que los Gracies se equivocaron fue en liberar a las artes marciales de una tara que la delimitaba en ciertos patrones de visión, pero sólo para devolverla después a los barrancos de una vieja discusión, una discusión que Bruce Lee se había encargado de derribar como un falso problema. Estábamos todos muy influenciados hasta aquel tiempo por las fantasías que el cine de artes marciales, que nos impulsaba a todos a creer en los puños y en las patadas como en una especie de dogma. No sólo Chuck Norris, el mismo Bruce Lee, y las espectaculares patadas de Van Damme, o el aikido de cine de Steven Seagal se quedaban para otro día. Había ahora que saber defenderse en el suelo. Incluso Seagal empezó a agregar en su coreografía algunos elementos de Gracie Jiu Jitsu en esa época, como se puede ver en su película Alerta Máxima II. Pero en lo que se equivocaron los Gracie fue en devolverlo todo a una miserable discusión de cuál es el mejor estilo, qué es lo definitivo, lo último, lo imparable, y ese tipo de chorradas. Del plano de la inmanencia que había logrado alcanzar, casi rozando los dedos con los conceptos del Jeet Kune Do de Bruce Lee, lo dejaban resbalar todo de vuelta a la cochina trascendencia. Transaban con la trascendencia. Y todo perdió su sorpresa, su impersonalidad, su caracter indiscernible. Otra vez la pregunta ¿quién? remitía a una persona o a un estilo y ya no a una fuerza. De ahí que los Gracie se hicieron previsibles, demasiado unidimensionales, y Sakuraba se encargó de mostrárselo al mundo: fuera del suelo los Gracie eran casi peces fuera del agua. Una vez que los strikers aprendieron a defender los take downs y las proyecciones, el juego comenzó a cambiar de nuevo, el barco se inclinaba de vuelta hacia el Sur.

Hace poco leí una entrevista en la que Jon Jones, el poderoso y multifacético campeón de los pesos semicompletos del UFC, decía que uno de sus ídolos es Bruce Lee, y que su enseñanza “el mejor camino es tener el no-camino”, era una de las guías que procuraba tener en mente siempre. Esto me dejó gratamente sorprendido. “El mejor estilo es el no-estilo”.

Pensamiento oriental, taoísmo, budismo zen. Jones comprendió que un elemento importante para cualquier guerrero recae en su capacidad para hacerse indiscernible, devenir-imperceptible, a nivel del estilo, no decir este mejor que aquel, porque de repente las fronteras entre los estilos se borran, y esto es realmente artes marciales mixtas. Tomar esto de aquí, y esto otro de allá, pero no para formar un benjunje de técnicas, sino siempre en base a unos conceptos. Eso sí, se pelea por honor, con honor, esto es algo que no se cambia ni se deja de lado, sin importar el estilo que se practique, respetando la larga tradición de las artes marciales. A lo que llegamos con esta nueva mentalidad de hacerse indiscernibles es a la comprensión de por qué Jon Jones sea un campeón extraordinario, tan devastador, quizás el más sorprendente en la historia del deporte, quizá un poco por arriba en esa categoría sobre la araña Anderson Silva.

En la actualidad Anderson Silva, un golpeador tecniquísimo, de excelente juego de pies, uso del directo adelantado, con dominio de jiu jitsu brasilero, es el rey en la categoría de los medianos. Jon Jones hace lo propio en semicompletos, haciendo uso no sólo de sus excelentes derribos de lucha, sino también de los conceptos del jeet kune do: patadas laterales a la pierna adelantada del rival, uso del directo de derecha, patada de chequeo a la espinilla con la pierna retrasada…, cambio de niveles… Lyoto Mashida es todavía una fuerza en este mundo de combate, aunque no esté en posesión de ningún cinturón, pues hace gala de su guardia natural, un completo juego de contraataque y un excelente juego de pies. José Aldo en pesos más ligeros es sorprendente, quizá el que tiene la técnica más depurada de golpeo, de una versatilidad impresionante, explosivo, cortante como una navaja. Y cómo olvidar a Junior Dos Santos, campeón de los pesos pesados, fuerte, ágil, de un boxeo debastador para MMA, uppercutt y excelente jab, además de juego de pies.

El mundo de las artes marciales ha girado, la atención a la pelea de pie ha vuelto, pero nadie deja hoy de entrenar su rutina de pelea en el piso. En resumen, nuestra era quizá sea testigo de la construcción de los peleadores más completos en la historia de la humanidad. De vuelta a Roma y las viejas peleas a muerte, o lo más cerca posible a ello.

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