Filosofía de las Artes Marciales y valores.

Muchos grandes maestros coinciden en que hay un plano que, gradualmente, adquiere una enorme importancia y dimensión, y que con el paso del tiempo, el practicante de artes marciales valora como esencial e inherente a su Arte: su interacción con la realidad exterior que le rodea. Es por ello que las Artes Marciales deben representar:

  1. a) Un método de relación personal.
  2. b) Un método de dinámica de grupos en el interior del Dojo (lugar de práctica).
  3. c) Un método organizativo.
  4. d) Un método de introspección.
  5. e) Un método de trabajo filosófico.
  6. f) Un método de educación de actividades vitales y sociales.
  7. g) Un método de interiorización de valores.
  8. h) Un método unitario de posiciones ideológicas diversas.
  9. i) Un método de crecimiento personal.
  10. j) Un método de puesta en común y respeto.

(http://jlgarcia.galeon.com.)

 Entender la filosofía de las artes marciales es entender que cualquier practicante lucha por superarse a sí mismo, que cualquier practicante debe vivir y actuar como un ser humano ejemplar y que un arte marcial no es una secta, ya que no buscan la sumisión de sus miembros a un líder, sino que, por el contrario, ofrecen a sus practicantes un camino para mejorarse a sí mismos.

El párrafo anterior nos indica de forma global lo que concierne a este apartado del trabajo, ahora se realiza un análisis más en profundidad entrando ya en el apartado de los valores sociales de las artes marciales. Para ello, el artículo escrito por Gonzalo Velasco Canziani en la Web http://www.redmarcial.com nos será de gran ayuda. Según él, entender la filosofía de las artes marciales y sus valores sociales es poder responder a estas preguntas:

 ¿Que es hoy en día el Bu Do (el camino de las Artes Marciales)?

¿Qué función cumplen en la sociedad y, más importante aún, dentro de nosotros mismos los principios de estas antiguas

Artes? ¿Qué ganamos, qué recibimos y que damos de nosotros en el Dojo?

Todas estas preguntas que tarde o temprano nos hacemos los practicantes de Artes Marciales son parte de nuestro cuestionamiento y son parte de lo que se puede llamar filosofía de las Artes Marciales.

Lo que nos lleva a un Dojo a aprender un Arte Marcial, las motivaciones iníciales, pueden no ser las que nos acompañen toda la vida. Nosotros cambiamos; nuestra percepción de las cosas, la vida y de nosotros mismos cambia y puede cambiar también nuestra motivación, nuestros objetivos y, además, la dedicación y pasión que le dedicamos a esta y cualquier otra actividad en nuestra vida. Pero para las Artes Marciales (y otras disciplinas de la vida) se requiere siempre una buena dosis de vocación, de pasión y algo que en el occidente no es tan apreciado pero en el oriente sí: la “mente de principiante”, el estar abierto siempre a aprender cosas nuevas, entender mejor algo que creíamos que ya sabíamos, nunca creer que ya no hay nada por aprender.

Las Artes Marciales representan un largo camino; un camino que implica, desde el punto de vista técnico, llegar a comprender y manejar una cantidad no pequeña de técnicas más o menos elaboradas de “defensa personal”. Para esto, se requiere y SE GANA el constante crecimiento personal y el autoconocimiento físico u orgánico (de mi cuerpo, sus posibilidades y límites, la coordinación motora, reflejos, capacidad elasticidad y resistencia física, etc.), así como en lo intelectual y espiritual (lo que se refiere al desarrollo de lo más íntimo en la persona, su fuerza de voluntad, su moral y otros aspectos más personales). Estas Artes son mucho más que un deporte.

Todo esto, además de ser una gran aventura personal, como lo es una aventura la propia vida, requiere una buena dosis de trabajo. De nuevo aquí, las Artes Marciales se parecen a todo lo demás que hacemos (y nos importa) en esta vida.

El viejo código moral del samurai (los guerreros medievales japoneses), el Bushido, hablaba de honradez y justicia (Gi), valor heroico (Yu), compasión (Jin), cortesía (Rei), honor (Meyo), sinceridad absoluta (Makoto), deber y lealtad (Chugo). Todos son valores para ser ejercidos tanto frente a sus superiores (maestros, señores, autoridades, padres y ancianos) como con el resto de las  personas y colegas. Estos valores no son sólo aplicables en el Dojo y el campo de batalla, sino también en el hogar y en el día a día.

Muchos de los grandes Maestros decían explícitamente que un practicante de Artes Marciales debía cultivarse tanto física como intelectual y espiritualmente. También se exigía a los discípulos dedicación, ganas de aprender, mostrarse merecedor de recibir ese conocimiento.

Lamentablemente, hoy en día, en muchas actividades, el desgano, la falta de dedicación y de compromiso parecen haber ganado demasiado espacio en el actuar humano. Esto no es diferente en las Artes Marciales tradicionales. A excepción de algunas actividades con gran dosis de “marketing” y propaganda de logros fáciles, rápidos y “de última moda”, los locales de entrenamiento están cada vez más vacíos. Los profesores e instructores se cuestionan el por qué de esta realidad (se culpan, muchas veces, por ella) y nos podemos preguntar a qué se debe todo esto.

¿Han perdido espacio las Artes Marciales? ¿Han salido de moda? ¿Ya no sirven para nuestro crecimiento personal y la convivencia pacífica en sociedad? ¿Ya no quedan “guerreros” en nuestra cultura? Nosotros mismos, ¿valoramos estos principios? ¿Los ejercitamos?

La realidad socio-económica, cultural y moral de nuestro tiempo, en todo el mundo, no es de las mejores (mirándola en perspectiva histórica). Pero ¿es esto suficiente para minar nuestra energía de vida y nuestra fuerza para crecer como personas y construir una sociedad y un mundo mejor?

Vemos el desgano, las preocupaciones y problemas (reales) económicos ocupando el primer plano en el día a día de las personas. Para algunos esto es suficiente disculpa para no entrenar ni cumplir las obligaciones con el Dojo (lugar de práctica), su Sensei (maestro) y sus Otogai (compañeros). Tal vez crean que antes no era así. Pero se equivocan. En la época de los Maestros de nuestros Maestros, también había problemas económicos. Los karatecas de Okinawa eran campesinos, maestros de escuela, policías, etc.; o sea, tenían que trabajar para mantenerse y a sus familias. Había (y hay) desastres naturales como huracanes, terremotos, maremotos, epidemias, días de extremo calor, de extremo frío, etc.

Había problemas políticos y guerras que solo traían (y traen) muerte, destrucción y muchos problemas sociales a largo plazo, como consecuencia. Asimismo, los Maestros exigían (y mostraban) todos esos buenos valores a sus discípulos: dedicación, constancia, lealtad, honor, autodisciplina, cortesía. Y no creamos que económicamente la cosa era más fácil porque no se cobraba mensualidad en aquellos Dojo. Al principio los Maestros – que elegían con mucho cuidado a sus alumnos y futuros discípulos – no cobraban dinero por enseñarles Karate. Pero los alumnos le “pagaban” gustosos a su Maestro arreglando y limpiando constantemente el Dojo e incluso la casa del Maestro. Hubo muchos casos en que los alumnos construyeron una casa o un Dojo para su Maestro. Otros llevaban al Maestro a vivir a su propia casa cuando éste ya estaba anciano. Un Maestro se seguía toda la vida, no sólo “hasta que le dieran el primer cinturón negro” como lo hacen algunos hoy en día.

Los orientales hasta visitan la tumba de los antiguos Maestros muchos años después de su muerte, como muestra de respeto por su memoria y agradecimiento por sus enseñanzas. Hoy en día, si agradeciéramos a nuestros maestros (sean de la disciplina que sea) todos los conocimientos que adquirimos gracias a ellos probablemente estaríamos en una sociedad mucho más agradecida y el trabajo del profesor estaría elevado a una escala mucho mayor de reputación, por no decir que si nuestros hijos consideran a sus maestros como tales no existirían los problemas actuales de violencia en las aulas, depresiones de docentes, etc.

En el arte de la guerra, el guerrero supremo derrota a sus enemigos sin luchar… eso es porque lucha constantemente contra su único real enemigo: su enemigo interior. A ese, que nos lleva al desgano, a la cobardía, la envidia, a ese hay que derrotarlo todos los días a pura fuerza de voluntad y puro Ki (energía interior). Los que con suerte lo logren, algún día, serán llamados “Maestros”.

Podemos llegar a hacernos la pregunta de por qué es necesario que en nuestra sociedad mantengamos unos valores sociales. Según Santos, J. y Albiac, N.; en el libro Aikido, la armonía universal “ el ser humano en cuanto agente cuya actividad transforma y altera el equilibrio natural del planeta que habita, le conviene por su propio bienestar y supervivencia sujetar sus actos e interrelaciones al buen orden de unas normas o principios éticos, basados en el respeto más escrupuloso hacia el entorno y hacia sus semejantes” y nos indican cuáles son esos “principios éticos”que en la antigüedad eran los principales valores que conformaban el código de honor de los samuráis:

  • La rectitud. Ser capaz de tomar una decisión sin vacilar. Ser justo y objetivo en toda circunstancia.
  • El coraje. Hacer siempre lo que es justo, cueste lo que cueste, sin miedo al miedo.
  • La bondad. Ser magnánimo y tolerante. Estar siempre dispuesto a perdonar.
  • La cortesía. Las buenas maneras, así como el respeto en el trato con los demás y en el comportamiento individual.
  • El desprendimiento. Actuar desinteresantemente, sin egoísmo.
  • La sinceridad. Decir siempre la verdad. Ser fiel a la palabra dada.
  • El honor. El valor, el aprecio y la defensa de la dignidad propia.
  • La modestia. No ser soberbio ni vanidoso.
  • La lealtad. No traicionar a nadie ni tampoco a sí mismo.
  • El auto dominio. Control de los pensamientos, las palabras, los actos y las emociones.
  • La amistad. Saber compartir, colaborar, ayudar, etc.

Posteriormente, en tiempos más modernos, el código de honor citado sigue siendo reconocido y aceptado como el código ético de todas las artes marciales japonesas. Los maestros más célebres, creadores de las disciplinas de combate que hoy practicamos (judo, jiu-jitsu, karate, aikido, kendo, etc) como buenos conocedores de la naturaleza humana, sabían que los adversarios más temibles no son “los otros”, sino nuestros propios defectos y debilidades, por ello coinciden en sus objetivos al proponer a las artes marciales como una vía de perfeccionamiento personal, antes que como un simple método de lucha, a fin de que cada practicante alcance el máximo desarrollo global de su personalidad.

Pero estos autores no sólo citan los valores que todo practicante debe alcanzar para su máximo desarrollo, además, citan los “principios morales de valor perenne”: “El mundo que vemos es el reflejo del mundo mental de los individuos que componen la sociedad, y todo aquel que tiene una relación de enseñanza (y por tanto, una influencia psicológica sobre sus alumnos) está en el deber de adquirir ciertas virtudes morales como:

  • Integridad. Trata equitativamente a todos, di siempre la verdad y sé fiel a tus compromisos.
  • Simpatía. No confundas la simpatía con la adulación y la falsedad en el trato. Son enemigos de la simpatía: el sarcasmo, el ridículo, la burla, la calumnia, el rencor, la jactancia y el orgullo.
  • Generosidad. Nadie puede adquirir sin dar, ni cabe dar sin recibir. Guárdate de la codicia, la mezquindad, la suspicacia y la envidia. Sé generoso y magnánimo.
  • Sinceridad. No recurras a cumplimientos falsos. Muéstrate tal como eres, sin fingimiento.
  • Imparcialidad. Los prejuicios son el más grande obstáculo para conocer la verdad. Examina, interroga, considera y analiza cada cosa libre de prejuicios, simpatías o antipatías.
  • Adaptabilidad. La capacidad de adaptación ante los imprevistos y las situaciones insólitas se alcanza mejor conociendo las leyes universales que las formas concretas o detalles.
  • Paciencia. Sé atento, complaciente y tolerante con todos y sobre todo con aquellos que te llevan la contraria o que difieren de ti en opiniones, ideas y creencias.
  • Serenidad. La serenidad no es indiferencia, sino el control de uno mismo, sabiendo dominar los impulsos ante los conflictos, las dificultades o la adversidad.
  • Autoconfianza. Nadie cree ni confía en el que vacila, duda o titubea. Más vale obrar con decisión y equivocarse que no acertar después de muchas vacilaciones, porque en este caso hay error y debilidad.
  • Desprendimiento. No te ates a las cosas (dinero, fama, poder, prestigio), pero tampoco las desprecies. Disfruta de las cosas con alegría pero sin apego. Libérate del deseo de “retener” y del miedo de “perder”.
  • Paz interior. “Cada uno debe encontrar su paz en su propio interior, y la paz para ser verdadera, debe ser ajena a la circunstancias exteriores” (M. Gandhi).”

Hasta ahora, hemos analizado la filosofía que predomina de forma general en todas las artes marciales, viéndolas desde una vertiente tradicional. Como todos sabemos, las artes marciales son hoy día consideradas también como deporte. Por tanto, es lógico que nos surja la duda de saber si todas las características citadas anteriormente en cuanto a la filosofía de las artes marciales son también aplicables en la vertiente deportiva de estas artes, y por tanto poder aprovechar todos los beneficios que se derivan de esa filosofía en distintos contextos como el educativo, el  ecreativo…etc.

 La respuesta es un sí tajante. Las artes marciales son artes marciales y como tales transmiten todos sus valores y su filosofía, ya sea en su vertiente tradicional o en su vertiente deportiva. Los problemas que estas artes van a tener en cuanto transmisoras de valores son los problemas que tienen todos  los deportes en general: competición, envidia por el otro, problemas alimenticios para entrar en las distintas categorías de peso, rendimiento, selección de talentos… Pero, ¿cuándo un arte marcial traspasa la barrera para ser considerada como deporte? ¿Gracias a qué hechos concretos de un arte marcial sabemos que también se trata de una actividad deportiva? Según Oliva, A.; Torres, F.; y Navarro, J; en el libro Combate supremo, “el término deporte, adquiere un significado de actividad motriz que persigue una búsqueda de la distracción, el placer y cuyas normas y reglamentos van implícitas en la propia actividad y en su contexto. El combate tiene una aceptación en la que se concibe como el modo de superar ciertas dificultades a través de la lucha con uno mismo. Es decir: combate supremo es el modo de superarse a sí mismo a través de la actividad del combate de forma placentera, lúdica y sin más objeto que la propia decisión personal de superación. La lucha, el boxeo, la esgrima, el kendo, el karate, el judo, el taekwondo…etc.

Son conceptos, ideas y formas diferentes de entender e interpretar la profunda búsqueda que cada uno tiene consigo mismo. Mediante enfrentamientos físicamente duros se depuran aspectos muy profundos de la identidad del practicante. Arte marcial y deporte se hermanan en la actividad del combate.

Es el momento del enfrentamiento, duro pero bello, dramático pero noble, definitivo pero auténtico y único. De esta manera, a pesar de las apariencias, a pesar del castigo físico, que es asumido entre ambos contendientes, el combate supremo armoniza el arte y el deporte. Así, el deporte adquiere verdadero sentido en su propio significado. Así, el combate se desliga de esos tópicos que le confieren un rango eminentemente destructor.”

Hasta ahora no empieza a cobrar sentido este trabajo. Ya hemos conseguido enmarcar arte marcial dentro del contexto deportivo y por tanto, podemos aprovechar las actividades deportivas (judo, karate, taekwondo,…etc.) como agentes transmisores de valores sociales.

En definitiva, podemos concluir este apartado diciendo que la filosofía que engloba y caracteriza a las artes marciales transmite una serie de valores  sociales que pueden ser muy fructíferos en la sociedad actual. Que la relación entre arte marcial y deporte se hace patente en el momento del combate (como superación personal, combate lúdico…) y que dicha filosofía se podría resumir con lo que se conoce como DOJO KUN o principios rectores del karate, (en mi gimnasio, los nombramos y repetimos con el profesor antes de cualquier clase de karate). Dichos principios son: formación de la personalidad, rectitud, esfuerzo y constancia, respeto a los demás y reprimir la violencia.

Manuel Rasero Ruiz 3º E INEF (Madrid)

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