TAI CHI CHUAN

El Tai Chi Chuan es el arte marcial interno más practicado pero a la vez un  desconocido.

Existen las 5 escuelas antiguas conocidas como Yang, Chen, Sun, Wu, Hao, ademas de sus derivaciones, tambien las escuelas modernas, escuelas míticas (Wudang), escuelas “oficiales” avaladas por el Gobierno Comunista de China, escuelas desconocidas, escuelas nuevas y escuelas síntesis de otras escuelas.

Cada una de las escuelas de Tai Chi presenta varias katas con diversos movimientos y registros técnicos. Desde katas de mano vacía de 9, 13 y 24 movimientos hasta las formas largas de 88 ó 108 secuencias según los estilos.

Antes de conocer el primer movimiento en una kata (formas) es necesario el fortalecimiento y desarrollo de la energía que proporcionan los ejercicios asociados de Qi Gong para Tai Chi.

En las escuelas tradicionales además de las katas se practican formas con armas como  la espada, el palo, el sable, la lanza o el cuchillo y formas rápidas, indispensables en el entrenamiento, llamadas Paochui o Puño de cañón.

Como en cualquier arte marcial que se precie existen las secuencias de parejas. Si se realizan con contacto toman el nombre de Tui Shou o Chi Sao en donde se practican los atributos necesarios para realizar las formas y aplicaciones marciales con destreza. Si se realizan sin contacto toman el nombre de San Sau (manos libres).

Junto al estudio de las katas y los trabajos a dos se encuentra el ejercicio del combate, las aplicaciones terapéuticas y en algún estilo las aplicaciones médicas. Si uno es afortunado, podrá encontrar incluso katas en donde conocer la aplicación del movimiento en base a la activación precisa de un meridiano, la simbología del mismo o la dirección en que se realiza.

En una escuela tradicional, no importa de qué estilo hablemos, presentará en su programa técnico ejercicios de Qi Gong y meditación, katas de mano vacía, rápidas y con armas, patrones de relación a dos, aplicaciones marciales y combate y filosofía, historia y transmisión temporal del arte.

No es difícil observar que el practicante, con frecuencia incluso el docente, no posee un método testado y objetivo de progreso en la práctica del Tai Chi Chuan. La mayoría de practicantes desconocen las artes marciales ni poseen experiencia real en ellas, por tanto, la capacidad de evaluar si ciertos movimientos pueden ser adecuados o no es inexistente. Otra amplia mayoría no tiene desarrollada la sensibilidad energética al extremo de que pudieran determinar el efecto instantáneo de ciertas prácticas sobre su cuerpo energético, sino que pretenden a través del aprendizaje del Tai Chi Chuan desarrollar tal atributo.

Por tanto partiendo del desconocimiento marcial y de la sensibilidad energética media no es extraño observar que la enseñanza y práctica del arte del Tai Chi Chuan suele estar alejada de la esencia del mismo.

Por ello el enfoque comúnmente se centra en la idoneidad de tal kata respecto a otra en base a sus orígenes, en la existencia o no de determinado número posible de aplicaciones, en la potencia supuesta de ciertos ejercicios asociados, en la veracidad de la transmisión de la enseñanza a lo largo de los tiempos en contextos míticos sobre maestros ya fallecidos, en la originalidad de algunas de las fuentes orientales de las que procede así como en otros diferentes ámbitos de similares características.

Se puede considerar que cualquier estilo de Tai Chi Chuan es un método eficaz de salud y bienestar. Como cualquier método no es infalible ni total  y presenta procedimientos y técnicas precisas para alcanzar sus beneficios.

Pero más allá de todo eso ¿cuál es el valor de tu práctica?

El valor de tu práctica no se encuentra en la cantidad de movimientos que sepas, ni en la autenticidad de la genealogía de su transmisión, ni en la capacidad del maestro, ni en las leyendas de los antiguos. Tampoco está en el grado que detentas, ni en el grupo al que perteneces por mucho que existan vínculos  y relaciones sanas con profesores y alumnos.

El verdadero valor está en la intensidad con que movilices la energía en tus movimientos, bajo una serie de principios homogéneos y reproducibles, y mediante los cuales obtengas un sistema funcional por el que puedas demostrar bajo innumerables circunstancias, resultados eficaces a medio y largo plazo dentro de un marco de evolución temporal real.

El valor de tu práctica, por tanto, está en lo que puedes hacer aquí y ahora y en que de ese resultado asientes las bases de una constante evolución.

El valor no está en lo que crees que haces, ni en lo que dices o piensas, ni en lo que te gustaría, ni en el nivel que crees que tendrás dentro de 20 años, ni en el que tiene tu maestro por famoso o desconocido que sea, ni en la particularidad de tus gustos ni en el exotismo cultural asociado, ni en el vacío de investigación de tus propias raíces, sino que se encuentra ligado a la eficacia que obtienes.

La tradición es un río del cual nace en sus orígenes un tipo particular de conocimiento. Este conocimiento nace en un contexto personal, cultural y social preciso. A medida que desciende la corriente y pasa por las distintas generaciones el río crece, se ensancha y se enriquece. Si el río se desvía, se amansa, o el agua cambia de color no contradice ni perturba su esencia. Por el contrario si el río se seca en dos o tres generaciones de enseñanza… pierde su función y donde antes había agua ahora hay sólo tierra.

La dirección del río es obvia: desde lo alto a lo bajo, desde el pasado hasta el futuro pasando por tu instante presente.

La fuerza de la tradición, aunque extrañe, se siente de espaldas. De esta manera la tradición es un apoyo, una palanca que nos empuja a un mayor caudal, como el de un padre a un hijo, o un tigre a su cachorro.

Si el río es más ancho en el origen que en el momento que te toca vivir, es probable que por muy famoso que sea el afluente del que nació en breve tiempo se seque. No parece muy sensato basar la fuerza de un río en la calidad del agua de la montaña si cuando pasa por tu puerta apenas gotea.

En la búsqueda de eficacia en el Tai Chi Chuan encontramos varios laboratorios. Los principales en los niveles iniciales son tres: las katas, la habilidad marcial y los efectos terapéuticos.

Tomando como ejemplo la kata sabemos que en ella podemos construir movimientos en base a nuestra tradición, que con toda lógica consideramos única y “especial”. O bien podemos aprender gestos en base al reconocimiento oficial que proporcionan algunas instituciones y así al estar en consonancia con un sistema de valores determinado nos sentimos seguros.

Pero la realidad es lo que cada movimiento nos otorga. Si nos aporta sensaciones objetivas de fuerza, serenidad, vitalidad o energía sabremos además qué estructuras anatómicas trabaja, qué canales de energía activa el movimiento “x” de la kata, qué fundamentos necesito aplicar para activar el cuerpo energético en ese movimiento, qué símbolo, dirección y expresión contiene el gesto, qué eficacia marcial poseo con el mismo ante un ataque real y no prefijado y un largo etcétera.

En nuestra experiencia este es el Tai Chi que encontramos útil, el que haces aquí y ahora y con el que obtienes lo que obtienes, el que prefieres vivir y experimentar más que soñar, el Tai Chi que apaga tu mente y enciende tu cuerpo porque desde ahí, “hacer” y “no decir” es lo apropiado.

Fuente: escuela-wuchi.com

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